Legisladores del exterior ¿para qué?

16 Oct
El reto parece ser, llenar los asientos como sea

El reto parece ser, llenar los asientos como sea

Malas Costumbres

Por Víctor (Chacho) Cortés

En medio esta vorágine de noticias sobre las movidas el Tribunal Constitucional y las eternas agendas de Nadine, la posible censura del ministro de Justicia, las “precandidaturas” en los partidos, etc. Y más antes, la cumbre del FMI y el BM, la violencia de los antimineros  y mesas de diálogo de papel en Las Bambas, etc. O las noticias de los ya cotidianos asaltos y extorsiones que llenan las portadas de los medios de comunicación, es probable que muy pocos se hayan percatado de esa “pequeña” noticia que hace unas semanas daba cuenta de la reciente aprobación por una comisión del Congreso del proyecto de ley que propone crear un “distrito electoral especial de peruanos que residen en el extranjero” y que, ¡para colmo!, aparece como parte de la Reforma Electoral del Parlamento.

Se trata de una propuesta que, sino me equivoco, data del 2011 o más y que se resume en que los peruanos residentes temen el extranjero, que suman algo de 3 millones y aportan con sus remesas a la economía peruana y contribuyen con su voto a elegir Presidente y congresistas  en el Perú,  deberían tener también sus representantes al Congreso, para que los represente y defienda. Es decir, una  propuesta aparentemente lógica, sencilla y hasta inocua.

Sin embargo, como soy uno de los tantos descontentos con el Congreso me pregunto si tiene sentido este proyecto. ¿Crear nuevos asientos en el Parlamento Nacional para que estén representados peruanos que decidieron, hace rato, vivir fuera de nuestro territorio? ¿Acaso simplemente porque nacieron aquí y porque supuestamente están mal y “debemos ayudarlos”?

La verdad, he leído el proyecto de 28 páginas y para mí no tiene ningún sentido. ¿Qué les vamos a ofrecer? Si se fueron del Perú por las razones que fueran, simplemente tienen que respetar y cumplir las leyes y normas del país que los acoge. Punto. Y si quieren participar eligiendo con su voto al nuevo mandatario peruano y a los congresistas porque se siguen sintiendo peruanos, también lo pueden hacer, libre y voluntariamente. Total la nacionalidad no se pierde.

Ahora bien, si buscan que el Estado peruano los defienda de acusaciones, abusos o cuanto maltrato puedan recibir, me pregunto si para eso necesitan tener en el Congreso de Perú, dos, tres  o diez congresistas?  No me parece. Para eso existe la Cancillería, las embajadas y consulados del Perú en el exterior. Que se diga que estas no hacen nada o muy poco. Que no cumplen con sus funciones, no mueven ni un dedo y los burócratas internacionales se la pasan de recepción en recepción o de coctel en coctel, etc., etc., entonces eso hay que denunciarlo y Congreso exigir al Ejecutivo que es su obligación cambiar o destituir a esos malos funcionarios. Con mayor razón, en el supuesto negado que se descubriese que todo el ministerio de Relaciones Exteriores fuese un nido de incapaces y juergueros. Elegir para eso a nuevos congresistas, pagarles sueldo, viáticos y sabe Dios cuantas cosas más, me parece una reverenda tontería.

¿Existen otros argumentos que sustenten esa propuesta? Ah sí, hay uno adicional. Este señala que como otros países ya los tienen: Ecuador tiene cuatro y Colombia seis representantes parlamentarios, el Perú también debe tener. ¿Y, eso lo justifica? De ninguna manera. Además, ¿qué sentido tiene, si hay tres o cinco millones de peruanos dispersos por el mundo, viviendo en otras naciones, elegir dos, tres o cuatro congresistas como sus representantes? De acuerdo a esa lógica deberían ser más, diez o veinte. O mejor, uno por país donde viven nuestros compatriotas ¿no les parece?

Más bien mi inclino a pensar que si el Congreso logra salirse con la suya y lo aprueba, como parece, será algo parecido al Parlamento Andino (PA), cuyos legisladores se la llevan fácil, parlando sobre la “integración andina” sin ningún resultado trascendente. Tanto así que hasta los mismos cancilleres de Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia acordaron, hace dos años, cerrarlo, porque en el análisis costo-beneficio del PA, fueron conscientes que más perdían que ganaban. Empezando porque mantener a esos parlamentarios (cinco por cada país) nos cuesta a los ciudadanos alrededor de 3 millones de dólares. ¿Para qué? Para que se reúnan dos veces al año en plenos ordinarias y por ahí otros plenos extraordinarios para hacer turismo más que”avanzar en el proceso de integración”.

Pero claro, como el Perú siempre actúa como los chimpancés, copiamos lo que hacen otros y firmamos cuanto documento nos ponen sobre la mesa en foros internacionales (tratados, memorandos, convenios, etc.), cada cierto tiempo repetimos la misma historia. ¿Y cuál ha sido el resultado de todo esto? Muy simple. Por esta genuflexión ante organismos internacionales, hoy tenemos a terroristas con penas reducidas y liberados. Y a delincuentes avezados e irrecuperables engordando en cárceles y dirigiendo a su vez, extorsiones, asesinatos y cobrando cupos, etc., sin poderles aplicar la pena de muerte, que bien se lo merecen. Situaciones que en verdad enervan. Tanto como ésta de crear instancias inútiles y designar representantes solo para satisfacer el apetito de poder de unos cuantos. Nada más. Claro, aunque para algunos “esto nos ayuda a empoderamos” y nos coloca a nivel de los países más avanzados, “respetuosos de los estándares internacionales”, “más democrático”.  Es decir, pura vanidad.

 

 

 

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