San Isidro vs Magdalena: visiones e intereses en juego

11 Jul
Intereses en juego, detrás de centenario problema (Imagen Internet)

Intereses en juego, detrás de centenario problema (Imagen Internet)

Malas Costumbres

En el reportaje que presentó el domingo último el programa Panorama (canal5), queda claro que el problema que está detrás de los enfrentamientos entre serenos de los distritos de San Isidro y Magdalena del Mar está el “boom inmobiliario” o mejor dicho, el “desenfreno inmobiliario” que sacude a muchos distritos de la capital. 

En consecuencia, no es exclusivamente un problema de límites. Detrás están dos visiones distintas e intereses económicos en juego que son los que alimentan estos enfrentamientos sobre límites, y que se exacerba más, debido a la ausencia de una delimitación territorial definitiva.

De visiones distintas, porque como Magdalena es un distrito pequeño, de apenas 3.62km2, a diferencia de San Isidro que tiene 11.1 km2, para sus autoridades les resulta vital crecer y consolidarse.

De ahí que el alcalde de Magdalena del Mar, Francis Allison, no quiera desaprovechar el cambio de zonificación que él mismo promovió años atrás, junto con otros alcaldes, e incentive la construcción de grandes edificios en todo el distrito, pues de esta manera –entiende-, asegura su “modernización” y obtiene mayores ingresos para su comuna.

Basta recorrer Magdalena para darse cuenta de esta realidad. Muchas casonas antiguas y modernas han sido reemplazadas por grandes edificios de departamentos, pero no de 4 ni de 5 pisos, como debería ser, sino de 10, 12 y 15 pisos o más.

Las mismas calles, otrora tranquilas y hasta desoladas, han comenzado a cambiar su aspecto. Algunas se han convertido prácticamente en avenidas de alto tránsito, con locales comerciales por doquier, mayor número de vehículos estacionados y todo lo que una masificación irracional de viviendas conlleva.

En cambio, para el novísimo alcalde de San Isidro, Manuel Velarde, su percepción y preocupación es reducir esta fiebre constructiva que parece imparable y que en su distrito se desató mucho antes, dando lugar a que las enormes moles de cemento invadan muchos espacios. Su misión, entiendo, es más bien “salvar” las pocas zonas residenciales que quedan, librándolas del voraz apetito de empresas constructoras e inmobiliarias, del cual resultaron, “sin querer, queriendo”, eficientes ejecutores varias administraciones anteriores, en su afán por convertir a San Isidro en el “emporio financiero y empresarial” de Lima.

Una de estas zonas es justamente, las 42 manzanas en disputa –en cuyo extremo se encuentra el tradicional y emblemático parque la Pera del Amor–, parte de las cuales pretende ser convertida por Magdalena en zona de edificios empresariales, lo que reaviva el casi centenario problema de límites entre ambos distritos.

Velarde expresa así la visión de muchos de sus electores, antiguos residentes de estas zonas que quieren mantener sus barrios tal como fueron siempre, y ven con suma preocupación que su sosiego sea remplazado por la agitación, el trajinar de gente y ruidos de vehículos por todas partes.

En cambio, Allison representa, a mi modo de ver, esa modernidad exagerada, por llamarla de alguna manera (pero modernidad al fin, dirán algunos), que ante la desesperación de ver reducido su territorio, encuentra una salida en el cambio de zonificación, cediéndoles a las constructoras todas las avenidas, jirones y calles posibles para que levanten enormes edificios (crecimiento vertical) que están reduciendo zonas otrora residenciales y cambiando toda la fisonomía del distrito.

Es precisamente aquí que, a visiones distintas y hasta contrapuestas, se suma el juego de grandes intereses económicos, que entraron a tallar a partir del cambio de zonificación, es decir, en el segundo lustro del 2000, lo cual revivió aún más el problema de límites.

Muestras de ello es lo ocurrido en setiembre del 2008, cuando el entonces alcalde de San Isidro, Antonio Meier, acusó a Allison por propiciar el crecimiento desordenado de dicha zona y no respetar el “uso del suelo y parámetros de altura”.

El 2009, sin embargo, Allison publica la Ordenanza 405, que regula alturas máximas de las construcciones, pero al mismo tiempo, da luz verde para el uso de oficinas en predios comprendidos en la zona residencial.

En agosto del 2013, San Isidro le pide a Lima que anule las licencias que le había otorgado a Magdalena para construir 14 edificios en la zona de disputa. Pero Allison persiste en llenar ese lugar con edificios altísimos y lo anuncia el 26 de febrero del año pasado.

Así, se da a conocer del ingreso de la firma Prisma Business Tower para la construcción de un complejo moderno de edificios empresariales, con una inversión de US$ 65 millones y que estaría listo para abril del 2016.

El proyecto sería desarrollado por la inmobiliaria Noja, resultado de la unión de tres empresas peruanas: Inmobiliaria Cantabria, VYV Grupo Inmobiliario y Grupo Galena. En tanto, el constructor del proyecto sería el Consorcio VYV – Bravo Contratistas Generales.

Se dieron además detalles del proyecto. Se dijo, por ejemplo, que “la torre tendrá un área construida de 64,500m2 -sobre terreno de 2,907m2- distribuida en 19 pisos y 8 niveles de estacionamientos con capacidad para 750 vehículos. Del total de 34,700m2 serán de oficinas y contarán con espacio para 2 locales comerciales. Adicionalmente, Prisma Business Tower tendrá un gimnasio, lounge & coffee salón, sky bar y zona de parqueo de bicicletas”.

En enero de este año, el alcalde Allison propone crear un centro financiero en más del 80% de manzanas que forman el perímetro de la zona en litigio y resolverlo en los próximos 4 años.

Ahora bien, es probable que esta zona le corresponda a Magdalena del Mar, pues este distrito fue fundado en 1920, mientras que San Isidro recién se constituyó en 1933, es decir, 13 años después. Entonces Magdalena antigua se extendía hasta lo que es hoy la Av. Coronel Portillo, muy cerca del Golf de San Isidro. Es más, adicionalmente a ello, los informes del Instituto Metropolitano de Planificación así como del Tribunal Constitucional le darían la razón a Magdalena sobre ese espacio territorial, aun cuando no lo digan con la claridad que la situación exige.

Que se impone una solución, nadie lo duda. Como no queda duda que detrás de este asunto, hay enfoques distintos e intereses económicos contrapuestos, en donde participan más de una empresa inmobiliaria y otras tantas constructoras que quieren sacarle provecho al suelo, sin importarle si arrasan con cuanta zona residencial exista.

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