Tía María2: dilema a resolver

7 May
Falsa disyuntiva por mala estrategia y comunicación tardía

Falsa disyuntiva por mala estrategia y comunicación tardía

Malas Costumbres

La verdad no me gustaría estar en los zapatos del presidente Ollanta Humala, en estos momentos. No se lo deseo a nadie. Después de lo acontecido ayer en Arequipa, con el saldo de otra persona muerta, tres o cuatro policías gravemente heridos y el diálogo roto, por segunda vez, por los dirigentes antimineros de Islay, todo hace prever que el gobierno tendrá que escoger entre dos alternativas. O bien suspende por tiempo indefinido el proyecto Tía María, con lo cual las protestas disminuirán lentamente, es cierto, pero al mismo tiempo el proyecto quedará paralizado. O declara el estado de emergencia, mete a las Fuerzas Armadas y echa a andar el proyecto “a como dé lugar”. Está pues en aprietos, contra la pared y frente a un dilema a resolver. No le queda otra.

Sí suspende el proyecto Tía María, es claro que dicha suspensión será indefinida y con pocas posibilidades de que se reactive, al menos a corto plazo. Se abre la posibilidad incluso que la Southern cancele definitivamente el proyecto y se vaya con sus chivas a otra parte, con lo cual se demostrará que el director de Relaciones Institucionales de la compañía, Julio Morriberón, tenía razón cuando el 26 de marzo pasado anunció, de manera unilateral, es cierto, pero con conocimiento de causa. O, en su defecto, mantenga el proyecto en stand by y se dedique a la explotación de otros yacimientos.

Ahora, esto equivale a decirle adiós, al menos por un buen tiempo, a los US$1,400 millones de inversión y por supuesto, a la creación de 2 mil empleos directos y unos 8 mil indirectos en la zona, además de la reactivación económica de otros sectores en Arequipa, etc., etc. Pero lo más importante es que la imagen del Perú como país atractivo para las  inversiones quedará por el suelo, una vez más. ¿Qué les podrá decir el ministro Alonso Segura a los inversores y empresarios, ahora que está en Nueva York?

En tanto, si impone el estado de emergencia y mete a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional para restablecer el orden público y restringe algunas libertades contempladas  en la Constitución, como las libertades personales, reunión, libre tránsito e inviolabilidad de domicilio, etc. (art. 137 de la Constitución), es obvio que la situación podría volver a la calma, el proyecto podrá ejecutarse, pero pasarán muchos años, para que se vean los frutos de progreso en Islay y un buen tiempo también para que los agricultores de la zona cambien su manera de pensar y acepten que la minería puede convivir con la agricultura, siempre y cuando cada actor, incluyendo al Estado, cumpla el papel que le corresponde.

No obstante, tal como están las cosas, lo más probable es que el gobierno declare el estado de emergencia, pero al mismo tiempo suspenda la ejecución del proyecto. Es  decir, una combinación de ambas medidas, algo parecido a lo que hizo en Conga en Cajamarca:  “Una finta” y un corte a la vez para ocultar su debilidad y derrota, pero dejando el proyecto en el limbo.

Ahora, dicha emergencia será con policías en las calles y militares resguardando locales públicos principalmente. Pero nada de esto garantizará, a mi modo de ver, que la Southern dé un paso adelante y continúe con el proyecto. El proyecto seguirá en stand by, es decir, en veremos.

Y esto es así porque el gobierno no está en su mejor momento ni tampoco quiere ni puede. No solo porque se le mueve el piso de la economía, el PBI está disminuyendo, las exportaciones en retroceso y las mismas inversiones prácticamente paralizadas o reducidas a su mínima expresión, sino además, porque se trata de un gobierno de salida, un gobierno que pretende cambiar las cosas en un año electoral, es decir, cuando ya se va, lo cual resulta imposible.

Bajo este panorama, de franca derrota, no queda otra salida que la Suspensión a secas, más que la emergencia. Con todo lo que esto acarrea. Sin esperanzarse en Tía María, pues este proyecto, tal como lo dije en una nota anterior, “ya fue”. Le tocará al próximo gobierno buscar soluciones creativas, tanto en este caso como en otros, como Conga, Tambogrande y los que están próximos a ser petardeados por los antimineros. Y la salida para lograrlo está en replantear la estrategia, adelantando los beneficios antes de empezar la explotación. O como han planteado otros, estableciendo un seguro para los agricultores. Cualquier fórmula creativa es bienvenida. Es lo más sensato y razonable, para desinflar de una vez por todas a los antimineros y sus corifeos. Salvo mejor parecer.

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