Tía María1: “ya fue”

5 May
Trabajo arduo demandará eliminar esta falsa disyuntiva

Falsa disyuntiva enraizada en muchos compatriotas

Malas Costumbres

Creo no equivocarme cuando digo que el proyecto minero Tía María “ya fue”. Es otro Conga. Es decir, un proyecto fallido, en donde una minoría arrastra a la mayoría local y se impone al conjunto de la sociedad. Por eso, me atrevo a decir que el desplante de los 4 alcaldes distritales y 3 dirigentes de la provincia de Islay a los ministros que fueron la semana pasada a dialogar, fue un sainete montado por los primeros. Una puesta en escena grotesca para seguir mostrándose como las víctimas, los ofendidos.

¿Qué adujeron esta vez? Que en la reunión estaban congresistas que no habían sido invitados. Bastó ese detalle para que se dieran media vuelta y se fueran. Les bastó menos de un minuto para que, haciendo gala de su poder, le dijeran a los ministros, adiós, vuelvan a Lima, todo terminó, nos han ofendido, el paro sigue.

¿Es válida esta actitud? En lo absoluto. En el fondo trasluce la falta de argumentos para convencer en presencia de otros, al mismo auditorio al que siempre se han dirigido con discursos monocordes. Porque si se mira bien, si los dirigentes y alcaldes tuvieran argumentos sólidos y no recurrieran a argucias, aceptarían incluso la presencia de perico de los palotes o al más ingenuo de los mortales, con tal de demostrarle a sus seguidores, a esa mayoría, que tienen TODA la razón y que sus reclamos tienen validez. Pero nada de eso existe. Es un bluff.

La verdad de la milanesa es que lo único que quieren -sea por ignorancia, terquedad o apetitos de otra índole-, es que la empresa Southern, dueña del proyecto, se vaya de “sus” tierras y punto. Y para eso la acusan de abusos cometidos en el pasado, cuando nadie protegía el medio ambiente y tampoco existía legislación ambiental ni nada que se le parezca. Porque, además, el otro argumento de la contaminación del río Tambo, cayó hace rato por si solo cuando se demostró que el agua a ser usada por la empresa en la ejecución del proyecto iba a ser agua desalinizada extraída del mar.

Consecuentemente, sin argumentos y sin razones, lo único que les quedaba era continuar con la batahola para lograr su objetivo de impedir se concrete la inversión prevista de 1,400 millones de dólares y que se esfume la posibilidad de las poblaciones locales de acceder a empleos directos e indirectos que se generarían en la zona. Además, de negarle a Islay la posibilidad de convertirse en una de las provincias más prósperas de Arequipa.

Me pregunto ¿qué mueve a estos radicales a actuar así? Las expresiones del alcalde de Islay, Richard Ale, lo dice todo: “No estamos para hipocresías, hay gente que está muriendo; con la gobernadora quedamos que íbamos a conformar una mesa de trabajo, para intentar solucionar el problema, la gente que estaba ahí qué va a salir en contra de la mina, ellos trabajan ahí como el consejero Eguren, puede que estemos equivocados pero déjennos vivir así, con la agricultura”.

Sin duda una concepción equivocada y la negativa a reconocer la validez de un silogismo fundamental: primero, que el Perú es un país predominantemente minero, es decir, con ingentes recursos minerales bajo tierra y de los cuales, apenas extraemos entre el 10 al 15%. No es, como se cree, un país agrícola pues de los 128.5 millones de hectáreas que posee, solo el 7.6 millones tienen capacidad para cultivos, es decir el 6%. Segundo, que la explotación de dichos recursos, especialmente por la gran minería, ya no se realizan bajo los términos y condiciones que se hacían hace 40 o 50 años, cuando las empresas principalmente extranjeras, extraían “a la mala”,  depredando a su paso todo lo que podían y sin importarles nada. Contaminaban al máximo las zonas, desalojaban a las comunidades o las explotaban a sus anchas y luego se largaban sin dejar “piedra sobre piedra”. Y tercero, a modo de conclusión, que la minería y la agricultura pueden convivir sin mayor problema, como ocurre en otros países. Algo obviamente que no ocurría antes.

Antiguamente, por ejemplo, no se hacían como ahora, minuciosos estudios de impacto ambiental. Simplemente estos no existían. Tampoco existía el canon y menos se pagaba regalías. Hoy la situación ha cambiado radicalmente. Las reglas de juego son otras y las empresas mineras como petroleras están obligadas no solo a cumplir con los gobiernos, sino con normas internacionales cada vez más exigentes que las obligan, incluso, a resarcir el daño causado en una zona. De lo contrario, se exponen a cuantiosas sanciones pecuniarias que ponen en riesgo las posibilidades de explotar nuevos yacimientos.

Esto no significa que dichas empresas sean ahora “angelitos” o cosas que se le parezcan. En todo caso, corresponde a los gobiernos la otra gran responsabilidad. Son ellos los llamados a hacer cumplir todo lo legislado para tener una minería responsable y a persuadir a sus habitantes de los beneficios que obtendrán a corto, mediano y largo plazos.

Pero todo indica que nada de esto ha ocurrido. El gobierno no sólo “no ha sabido comunicarse con la población”, como suele decirse, sino al parecer, tampoco aprendió la lección de Conga ni ninguna otra. Tuvo posiciones contradictorias, pues al principio les prometió, como a los cajamarquinos, que primero era el agua y no la minería, para luego decirles nada. Quedarse callado y dejar que los radicales terminen convenciendo a los lugareños con argumentos falaces, como aquel que perderán sus tierras y que la ganadería morirá, cuando en realidad en Islay, hace rato que la ganadería está disminuyendo y le va cediendo el paso a la avicultura, pero por factores que nada tienen que ver con la minería.

Sin duda otra cosa sería sí las poblaciones de Islay fueran dueñas del suelo y del subsuelo. Ellas mismas negociarían con la Southern la parte de ganancia que les correspondería, mientras el Estado se preocuparía que las cosas se hagan bien, se cumplan las reglas de juego y de recaudar los impuestos. Pero no estamos en Estados Unidos ni la Constitución lo permite. Tampoco en Australia o Canadá, donde las mineras entrega dinero en efectivo a cada familia.

No obstante, ahora lo fundamental consiste en un cambio de estrategia que apunte a poner por delante los beneficios a los directamente beneficiados de la zona o lugar donde se extraerá el mineral o petróleo, antes de iniciar la explotación de los mismos. Es decir, que la empresa, en este caso la Southern dé por adelantado a las comunidades, a los pobladores los beneficios del canon, traducido en obras que necesiten (luz, redes de agua, alcantarillado, escuelas, postas médicas, asesoría para un mejor rendimiento de sus tierras, etc., etc.), lo que ellos requieran para mejorar su calidad de vida. Obviamente, esto debió hacerse hace tiempo. Invertir la figura. Lamentablemente, así como van las cosas, dudo mucho que el gobierno pueda hacerlo y eso me lleva a pensar que Tía María es ya otro Conga. Ojalá me equivoque.

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4 comentarios to “Tía María1: “ya fue””

  1. Fernando Vigil 7 de mayo de 2015 a 9:59 am #

    Chacho, coincido completamente con la opinión que expresas en tu comentario acerca del caso de ” tía María”, efectivamente es falta de una acción adecuada del Estado , pues debería tener una política definida para este tipo de casos, ya que el Perú es un país netamente minero y estas situaciones se irán presentando constantemente , debiendo por tanto tenerse un proceso ya establecido a fin de actuar tanto en la prevención como en el momento que se produzcan situaciones como las que han sucedido en los los casos mencionados en Cajamarca y Arequipa.
    Parece increíble que se repitan y vuelvan a suceder cosas similares o parecidas, sobre todo en cuanto al comportamiento de los grupos opositores a estos proyectos, los cuales realmente en el fondo son beneficiosos para el país y lo único que hacen estos ” dirigentes” radicales es oponerse por oponerse, sin ningún sustento VALIDO Y VERDADERO, pienso que muchos sabemos como es el actuar de estos seudos defensores de la población, que lo único que quieren es tener poder para luego beneficiarse en forma personal a costa de interrumpir el progreso de la regional y del país, pero como repito eso no les interesa para nada y para ejemplo hemos visto varios casos en otros países en el que gobernantes de la llamada izquierda radical han prácticamente destruido el país donde han estado gobernando o gobiernan en la actualidad.
    Las poblaciones en donde está sucediendo estos acontecimientos y los peruanos en general debemos darnos cuenta de esto y no dejarnos convencer con esas promesas falsas y mentiras sobre los Proyectos Mineros, que ejecutados en forma adecuada y de acuerdo a las normas actuales y leyes , cumplan con evitar el deterioro del medio ambiente y que beneficien a la Zonas y Regiones donde se realicen.
    Espero haya contribuido en algo para que tomemos un poco de conciencia y apoyemos al gobierno siempre y cuando tome las medidas adecuadas y correctas que sean en beneficio de nuestro querido país.

    Fernando Vigil

    • Victor (Chacho) Cortés 7 de mayo de 2015 a 4:40 pm #

      Me parece bien tu comentario. Lamentablemente no se tiene una política definida para encarar estos casos. Más bien, parece que trabajaran para el enemigo.
      Es probable que a los campesinos de Islay o de otros lugares mencionarles la palabra Southern, Cerro de Pasco corporation o Morococha les trae malos recuerdos, por la explotación, maltratos, contaminación que vivieron ellos o sus padres. Y es justamente de eso que se valen los antimineros para “pescar a río revuelto”.

  2. Olga 7 de mayo de 2015 a 5:36 pm #

    Así es Chachín, es una pena que en plena desaceleración de la economía, seamos tan ciegos y tan sordos para no aprovechar semejante inversión que estoy segura jalaría otros más.
    Ojalá te equivoques y finalmente con paciencia y estrategia este proyecto no sea un Conga o un Gas de Camisea que esperó como 20 años o más para hacerse realidad.
    Parece mentira pero hasta los proyectos que están terminando a duras penas, prefieren irse a los países vecinos para hacer otras obras porque encima terminan empapelados por trabajar con el estado, finalmente se van y con ganas de regresar cuando las reglas de juego mejoren… esperemos sea pronto.

    • Victor (Chacho) Cortés 20 de mayo de 2015 a 7:36 pm #

      Sí pues, me has hecho acordar lo de Camisea y la campaña contra la Shell. En ese entonces, yo era Jefe de Informaciones del diario “La Voz”, que se convirtió en el vocero de campaña contra la Shell. Su director y columnista Efraín Ruiz Caro (excelente periodista y amigo, ya fallecido), prácticamente convenció al gobierno de García de dar marcha atrás y no firmar el contrato. Yo discrepaba con esta posición oficial del periódico y así se lo hice saber a Efraín. Ya para entonces pensaba que estábamos metiendo la pata. Pero era una voz solitaria. Los resultados se vieron después, con el tiempo. Una precisión, Fue en 1996 que se retomó el proyecto Camisea con la Shell, pero luego se suspendió porque la Shell, si mal no recuerdo, desistió a seguir invirtiendo, pues puso como condición exportar el gas a Brasil para asegurar la recuperación de su inversión y su ganancia.

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