Gobierno forzado a los cambios

18 Feb
Premier Jara con nuevos ministros. La situación la favoreció y logró sacar a los incómodos.

Premier Jara con nuevos ministros. La situación la favoreció y logró sacar a los incómodos.

Malas Costumbres

Creo que me equivoqué. El gobierno sí supo escuchar a la oposición. O mejor, se vio obligado a escuchar. Pero no tanto a quienes asistieron a ese ensayo del lunes pasado. Sino, principalmente, a la oposición que se quedó fuera. Aquella que no asistió: Fuerza Popular y el Apra, que representaron la posición más dura, más crítica e intransigente. Tanto, que continuaron corriendo firmas para plantear la censura de la premiere Ana Jara y así, precipitar la salida de seis ministros cuestionados, algunos de los cuales ya tenían la soga de la censura puesta sobre sus cabezas.

Pero al parecer, la premiere Ana Jara supo dar un golpe de timón y revertir la situación de aislamiento en que se encontraba en el gobierno, frente a un Presidente que muy poco sabe escuchar y menos, entender que esperar hasta julio (como posiblemente creía) era incubar una crisis mayor. Jara logró callar, aunque tímidamente, al inefable Urresti y Cateriano, para evitar que sigan caldeando los ánimos políticos con insultos y groserías vía twitter. Y luego, al aprobar desesperadamente el cierre (temporal, por 180 días) de la controvertida Dirección Nacional de Inteligencia (Dini), creyendo así que estaba recogiendo el sentir de la oposición que reclamaba no el cierre sino la reorganización de ese organismo por dedicarse a espiar a la oposición e incluso, a personajes considerados incómodos dentro del  mismo oficialismo. Una salida desesperada que terminó dándole la razón a la oposición, porque el cierre demostraba que la Dini estaba dedicada a otras funciones y que probablemente se querían ocultar.

Pero la actitud de la premiere Jara, aún con este yerro, se vio reforzada con la pésima actuación del gobierno en Pichanaki (región Junín), en donde justamente los ministros más cuestionados, Urresti, Figallo y Mayorca, encabezaron in situ, el mayor papelón que haya protagonizado un gobierno, al menos, en los últimos tiempos. El fracaso fue total, pero al interior Jara, que no apareció en ninguno de estos escenarios, “salió ilesa”. Bajo esa circunstancia, no le quedó más remedio que recoger el reclamo de la oposición que desde hacía rato pedía la renovación del gabinete y ponerla sobre la mesa y hasta posiblemente, condicionarla a su presencia. Algo así como decir, “o ellos o yo”. Es esa situación la que se ha visto plasmada esta noche con la salida de 5 de los seis ministros cuestionados, pues el silenciamiento voluntario de sus tuits, le permitió a Pedro Cateriano, salvar la cabeza de la guillotina política. Al menos por el momento. Falta saber ahora si los nuevos ministros designados sabrán guardar la cordura y actuar con prudencia. Pero sobre todo, si sabrán escuchar no solo a la oposición sino al país.

Pero si este fue el movimiento de fichas en este ajedrez político, el escenario, el contexto sobre el que estos sucesos del poder se han desarrollado ha sido también determinante, pero al mismo tiempo, nada gratificante para el gobierno.  Más  bien, pienso, que el tremendo ruido político de las dos últimas semanas, exigían una solución pronta a este impasse entre el gobierno y la oposición. Y esto es así porque hoy más que nunca y a diferencia de épocas anteriores en que la política podía ir “por cuerdas separadas” de la economía, lo concreto es que el mal manejo económico del gobierno de Humala, han terminado por juntar a ambos. La desaceleración y hasta parálisis en algunos sectores de la economía están trayendo consigo malestar en sectores cada vez  más amplios de la población. Esta desaceleración está demostrada por el bajo crecimiento del PBI (Producto Bruto Interno) de apenas 2.35% el 2014 y de 3.5% previsto para este año 2015. Y cuando la economía decrece, sucede que los conflictos sociales aumentan, con consultas previas o sin ellas. Explican también la desconfianza y cautela del empresariado  para no dar pasos en falso, la que además se pone a la defensiva, a ver “qué pasa”, por si por ahí aparece otro Pichanaki. Situación que corre el peligro de aumentar si se toma en cuenta por tratarse de un año electoral y un gobierno a 14 meses de salida y listo para irse. Así las cosas, poco halagüeñas.

Al gobierno no le quedaba otra, sino ceder. Y esto es lo que ha ocurrido. Ahora falta ver si ha aprendido la lección. Los meses que siguen se sabrá.

 

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