Diálogo inútil

2 Feb
Los llamados diálogos políticos son generalmente diálogos de sordos

Los llamados diálogos políticos son generalmente diálogos de sordos

Malas Costumbres

Estoy seguro que muchos, como yo, no creen en esos llamados al diálogo del gobierno con la oposición. Sobre todo cuando no se trata de encontrar solución a problemas difíciles. Por lo general los llamados diálogos solo distraen, le ayudan al régimen a sortear escollos. Son diálogos de sordos. Así ha quedado demostrado históricamente. De tal forma que nada hace prever que éste será distinto. Más aún cuando está demostrado hasta la saciedad que el gobierno de Ollanta Humala no tiene vocación de diálogo. Está hinchado de soberbia y altanería, alimentando a diario su “complejo de Adán”, es decir, creer que con él comienza la historia y que los demás no hicieron nada.

Basta mencionar que una convocatoria similar ocurrió en agosto de 2013, es decir, hace dos años. En aquella oportunidad, el  protagonista fue el premier Juan Jiménez Mayor y el objetivo del llamado al diálogo apuntaba -se  dijo-, a promover “acuerdos en temas sustanciales del país”, especialmente frente al crecimiento de la inseguridad ciudadana. Se formó la cola y los primeros en ir fueron los del PPC, con su líder histórico Luis Bedoya Reyes ¿Y cuál fue el resultado? Ninguno. Dos meses después Jiménez Mayor ya no estaba en el cargo y el gobierno siguió en las andadas: con dinero en el bolsillo y despotricando de la oposición.

Hoy, en cambio, las circunstancias son distintas. La economía está en cuidados intermedios y la delincuencia sigue reinando en las calles. Pero lo principal es que el gobierno ha sufrido una derrota política en las calles frente a la “Ley Pulpín” y su bancada ha resultado diezmada en el Congreso. Si a esto sumamos que ya hemos ingresado al año electoral, es claro entender que el diálogo más le favorece al gobierno, pues aparece como la fórmula perfecta “para pedir chepa”, es decir como su “tabla de salvación”. Al menos, así parece entenderla la premier Ana Jara, que de inmediato le colocó el bozal a algunos de sus ministros. En tanto, para un sector de la oposición ir a un diálogo sin plantear exigencias no tiene sentido. De ahí que pidan primero que la premier Ana Jara “renuncie” a varios de sus ministros cuestionados, empezando por los del Interior y Defensa o, en su defecto, proponen la renuncia de la misma Premier, con lo cual Humala se vería obligado a nombrar un nuevo gabinete.

Es difícil creer que el presidente Humala acepte la salida de alguno de sus ministros, menos de Urresti y Cateriano, convertidos en verdaderos “mastines” del régimen. Pero tampoco aceptaría, al menos por ahora, la renuncia de Jara, quien políticamente resulta la más centrada, con mayor liderazgo y carisma de todo el gabinete.

Esta situación, sin duda, se deberá resolver en los próximos días. Me inclino a pensar que el gobierno buscará alejar a los “blandos” de los “duros” en la oposición, vale decir, a fujimoristas y apristas de peruposibilistas, solidarios y pulpines, los cuales -estoy seguro- serán los primeros en correr al diálogo apenas les llegue la esquela de invitación. En tanto, el Apra y Fuerza Popular trasladarán la batalla al mismo Congreso, donde buscarán recomponer alianzas para censurar a algunos ministros seriamente cuestionados, empezando por Figallo y Mayorca, sobre lo cuales parecería hay consenso.

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