Corrupción policial: “México nos lleva ventaja”

19 Jun

Corrupción habitual en México como en Perú. La diferencia es de "estilo". Allá son más audaces y directos. (F. Internet)

Este tipo de corrupción es habitual en México como en Perú. La diferencia es que allá los policías son más audaces y directos. (F. Internet)

Ojo Avizor

Una sobrina que vive en México y vino de visita hace poco, aseguró que la corrupción es tal en ese país que los policías no dan vueltas al asunto, sino van directo al grano. “Es abierta, tío…¡no te imaginas!”. Bueno, yo visité México hace muchos años, pero, claro, como “turista” nomás. Entonces a uno le muestran lo más bonito, lo mejorcito, y no necesariamente ve las cosas como son realmente. Las lee en los periódicos o las ve en la tele, pero es diferente cuando uno vive en un país por un buen tiempo. Sin duda son situaciones y ópticas distintas.

Me contó, por ejemplo, que había salido del trabajo con una amiga y decidieron ir a tomar un café a un lugar céntrico para conversar “largo y tendido” como suelen hacer las mujeres cuando tienen tiempo libre. Su amiga, que manejaba el vehículo y adelantaba la plática, de un momento a otro se distrajo y volteó en una esquina prohibida. “Uyyy , carajo”, dijo y frenó un poco. “Dale nomás, ya qué vas a hacer”, le respondió mi sobrina.

No había pasado ni un minuto cuando un coche patrullero le dio el alcance y le obligó a detener el auto. Después de pedirle su licencia y otros documentos, el efectivo le recriminó porque había cometido una falta. Pero al igual como sucede en Perú cuando un efectivo le quiere sacar dinero al conductor, el policía se hizo que miraba los documentos.  Luego caminó hacia adelante, miró el auto de arriba-abajo, de un lado a otro. “Revisó” la placa y volvió a acercarse y le dijo que le iba a poner una multa por 2400 pesos o algo así (188 y pico de dólares). Por supuesto, la joven y mi sobrina, que ya estaban preparadas, no se inmutaron. “Está bien, he cometido una falta…. así que ándale, pues…”, le dijo. A lo que el policía le espetó: “Sí, pero mejor es que te ´mochas una lana` y te vas. Son 700 pesos y nos vamos….”. Para añadir: “¡Qué prefiere chava?, o nos vamos a la comisaría y, ojo, ahí la lana aumenta, porque el `comanche` va a querer 500 pesos mínimo”, le dijo.

Por supuesto, las dos jóvenes se mantuvieron firmes, por lo que terminaron en la comisaría. Ahí el comisario de frente insistió diciéndoles que la lana había aumentado. Ambas quedaron retenidos hasta que en un descuido, la joven llamó por el celular a su papá, quien dado su alto cargo, les puso el paralé al comisario y a sus secuaces. Finalmente le impusieron la multa, que pagó a los pocos días.  Pero en todo caso fue la excepción. La regla es que la “mordida” (soborno) se produzca.

Obviamente, mi sobrina, que es peruana y conoce cómo somos, pero ha tenido también la oportunidad de vivir en varios países de Europa, como España y Alemania, y de América, como ahora en México, sacaba como conclusión que la corrupción es mucho mayor y totalmente abierta, en ese país en comparación a Perú y otros países. “En España también existe y uno lee de casos que sorprenden, pero como en México no la he visto”, comentaba. “Y aquí en Perú, en Lima, en verdad tío, estamos en pañales. Somos niños de teta en comparación a lo que se ve en México”, expresó.

Y en verdad, es probable sea así. No lo dudo. No es gratuito que la organización civil “Transparencia Mexicana”, señale en un reciente informe que “anualmente en México se realizan más de 200 millones de actos de corrupción, en los que se mueven más de 30.000 millones de pesos mexicanos (unos 2.350 millones de dólares)”.

Pero esta corrupción “al menudeo”, “menores” y de otro tipo, por llamarlo de alguna manera, es solo la punta de un iceberg, en donde el narcotráfico es la base que corrompe todo. Tanto que los carteles de la droga no dudan ni un segundo en producir tremendas matanzas como las que vienen ocurriendo en el norte de ese país, sin que el gobierno pueda hacer algo para evitarlo. ¿Por qué? Simplemente porque los narcos corrompen con facilidad a los policías y autoridades judiciales, para seguir subsistiendo.

No es difícil colegir que, aún cuando las expresiones de corrupción cotidiana de policías pueden ser diferentes (en el Perú “son más disimuladas”, pero corrupción al fin) no por ello, el Perú está lejos de ser como México, al menos en este aspecto. Por lo pronto, la presencia de los carteles de ka droga no está descartada. El sicariato es una de sus expresión, que ya sentó sus reales en nuestro país. Más aún, cuando aquí les resulta más barato “la mano de obra”.

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