Ojo vecinos con los papás pegalones

16 Jun

Ojo Avizor

En su día, hay que recordarle a los padres que esto no es buen ejemplo (F. Internet)

En su día, hay que recordarle a los padres que esto no es buen ejemplo (F. Internet)

Creí haber escuchado mal, así que retrasé el paso. Efectivamente, el sujeto, de unos 60 años, vestido con “ropa casual” como le llaman ahora a la ropa sport o deportiva, llevaba de la mano a quien en un primer momento creí era su nieta. Una vez cerca volví a escuchar: “….si porque tú y tu hermano ya saben que cuando tienen que salir deben dejar toda la casa bien arreglada..” sentenció el sujeto, con voz gruesa y seca….mientras la pequeña, de unos 4 a 5 años, no más, asentía con la cabeza y tímidamente le respondía: “Si papá…”

– “Sí, porque ya saben…si no les cae….y a su mamá también…por desobedecer…. ella como ustedes saben que deben obedecer…”

La frase entrecortada pero contundente me impactó. Era lo que había escuchado antes y que me obligó a retrasar el paso. Lo confirmé. En ese momento no sabía qué hacer. Deduje que este tipo le pegaba a todos en casa. Era un dictadorzuelo. Su rostro no me era conocido en el barrio. Supuse entonces que era uno de los tantos “nuevos vecinos” en uno de los edificios de condominio. Entonces decidí seguirlo.

Lo hice caminando despacio, prácticamente a su ritmo, pero a prudente distancia.  El viejo dejó de hablar. La niña también, aunque de rato en rato ella levantaba la cabeza y lo miraba. Su rostro de niña no dibujaba una sonrisa de felicidad. Era una mirada seria, de temor. Y su manita bien sujeta por su papá, parecía estar atrapada con un grillete.

¿Qué estaría pensando la niña? me pregunté, mientras los seguí hasta que llegaron a una casa de dos pisos, bien pintada. El tipo sacó sus llaves, pero sin soltar a la niña en ningún instante. Ella hizo gestos como queriendo zafarse o quedarse clavada al piso. Como que no quisiera entrar a esa casa o que sabía que algo malo le esperaba. Yo hice un giro y crucé la pista. De rato en rato seguí mirando. Me ubiqué cerca de la esquina y agucé el oído y la vista.

Ambos se perdieron tras pasar el jardín e ingresar a la casa. Entonces me dirigí a la bodega, donde tomé una gaseosa y galletas. Me quedé en la puerta un buen rato y observé. No se veía nada, todo aparecía tranquilo, pero de todas maneras, aproveché para indagar con el tendero y un vecino al que conocía simplemente por el saludo.

No encontré respuesta precisa si antes habían escuchado gritos o llanto o de alguna pelea. Solo supe que era un tipo díscolo, poco tratable pues no conversaba con nadie en el barrio. La señora, mucho más joven que él, se le veía –dijeron– “cara de sufrimiento”, y los niños, normal, “aunque no salen mucho y son muy tímidos”.

Definitivamente, todas eran malas señales. Así que alerté a mis interlocutores, que sería bueno que si se percatan de algo, avisen al Serenazgo o a los bomberos, o por último, a los dos, porque puede tratarse de un “pegalón” y “cualquier día ocurre una desgracia en esa casa”.

Este recuerdo me vino a la mente después de escuchar y ver esa noticia terrible de un padre que obligó a su hijo a correr desnudo por las calles del distrito de Comas por, supuestamente, tener mal comportamiento en el colegio o sacar malas notas, no sé exactamente el motivo, y que había dado lugar –supuestamente– a que lo expulsen, algo que tampoco ocurrió.

Felizmente, días después, el padre reconoció su falta y aceptó incluso estar llano a recibir terapia psicológica. Ojalá sea cierto y no un simple ardid para evitar perder la custodia del hijo que le servía de esparrin. Si es así, es el primer paso para que no lo vuelva a repetir. Pienso, sin embargo, cuántos niños (y madres también) son objeto de maltratos a diario por sus padres, sin que uno lo sepa. El caso que pude apreciar, probablemente sea uno de tantos. Deducible por sus mismas palabras: “….sino les cae”, qué otra cosa puede significar, sino pegarles.

Por eso creo que una de las enseñanzas que debemos extraer de este suceso cotidiano y lo que observé aquel día, es que debemos siempre estar prevenidos e informados de cómo son nuestros vecinos, especialmente sus hijos. Observarlos si muestran heridas, golpes o cortes, o demasiada timidez o miedo. Más aún, cuando sabemos que sus padres (mamá o papá), son vecinos díscolos, malhumorados o demasiado “fosforitos”.  Esto, obviamente, sin que signifique exceso de curiosidad y menos de chismografía, sino lo suficiente como para estar advertidos, alertas y poder intervenir, tal como lo hicieron los vecinos de Comas. Así que el buen ejemplo lo tenemos, basta seguirlo.

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