Cuando la delincuencia toca a un familiar

2 Abr

Malas Costumbres

por Víctor (Chacho) Cortés

Congresista Abugattás afectado por asesinato de su prima

Congresista Abugattás afectado por asesinato de su prima

El congresista oficialista Daniel Abugattás ha dado declaraciones y entrevistas en la última semana, a raíz del cruel asesinato en Arequipa de su acaudala prima Doris Aguad Abugattás y su empleado Felipe Carta Aguilar. Todos los medios de comunicación lo han buscado para que hable del caso. Y él se ha despachado largo criticando la inseguridad ciudadana, como nunca antes lo había escuchado. De inmediato la policía se ha puesto a trabajar. Incluso un equipo especial de la División de Investigación Criminal (Divincri) ha viajado a esa ciudad sureña para dar con el o los responsables de las muertes. Estoy seguro que así será, pues se trata de crímenes atroces. Pero además, en el caso de la mujer, por tratarse una persona adinerada y pariente de un congresista. Situación distante y distinta cuando se es un común mortal y sin familiares en el poder, en cuyo caso, hay que recurrir a los medios de comunicación para que la policía investigue y atrape a los criminales. De lo contrario ahí queda.

Bien, de lo señalado por Abugattás rescato que le haya tenido que pasar a un pariente suyo para que reconozca la terrible inseguridad en que vivimos millones de peruanos. Ha dicho que la “seguridad ciudadana” es un desastre. Pero no solo eso. Se ha lanzado contra los abogados de avezados delincuentes y extorsionadores, o abogansters, como se les conoce, que son muchas veces los que corrompen a magistrados (aunque estos últimos muchas veces se corrompen solos porque su formación en valores y estudios es nula o escasa, y porque consiguieron el cargo con artimañas o favores). Pero lo real es que este hecho, que no es nuevo (recuérdese aquel video difundido el año pasado en un programa de TV, en donde se ve a uno de esos abogados forajidos hablar con tal desparpajo de sus “habilidades” para sacar delincuentes de la cárcel), corrobora que aquí existe un problema serio que todos conocen y mencionan, pero nadie soluciona.

Abugattás, quien también es abogados, ha criticado además duramente aquella diferencia sutil que existe entre “falta” y delito. El que roba un celular, un reloj o una billetera, no ha cometido delito, sino falta. Es decir, no es ladrón, ratero, sino un simple  “faltoso”. Un artificio cojurídico, digo yo, que sirve simplemente para no llenar las cárceles con esos aprendices (primariosos) de delincuentes, cuando en realidad sabemos que igual de ladrón es aquel que roba un celular que quien roba una sortija de diamantes o una casa. Pero aquí la “justicia” ha dicho que quien roba hasta 700 soles, algo así, es un faltoso y por tanto, en poquísimo tiempo sale libre. En un abrir y cerrar de ojos. Por eso, uno termina acostumbrándose a ver al poco tiempo de ser detenidos, a ladrones de supermercados o grandes almacenes pasearse muy campantes por otros similares para perpetrar sus fechorías. Así la cadena es interminable.

Titular del PJ, Enrique Mendoza, constata irregularidades en su institución.

Titular del PJ, Enrique Mendoza, constata irregularidades en su institución.

Pero esto no es lo más importante ni lo único. Lo que me llamó la atención es que Abugattás ha contado además que cuando se reunió por este caso con el titular del Poder Judicial, Enrique Mendoza (él si lo puede hacer), éste se quejó tanto por el exceso de beneficios penitenciarios que se otorgan en el Perú, como por las penas benignas aplicadas a avezados delincuentes que al final terminan libres cuando debieron ser sentenciados con penas mayores y hasta con cadena perpetua.

La pregunta es ¿y quienes otorgan esos beneficios y dan esas sentencias tan benévolas a los delincuentes? ¿Acaso no son los mismos magistrados del Poder Judicial? Esos que están bajo la responsabilidad del actual presidente del Poder Judicial, vale decir de Enrique Mendoza, y antes lo estuvieron representados por el  juez César San Martín?

Una vez más pregunto, ¿qué hace el Poder Judicial y Mendoza en particular, ahora que tiene la batuta, para poner coto y revertir esta situación que toda la población conoce desde hace tiempo, pero que a diferencia de este, nada puede hacer? Nada o muy poco. Sin embargo, lo señalado por Abugattás y lo revelado a éste por Mendoza, son una clara muestra de las limitaciones de dos poderes del Estado (Legislativo y Judicial) para combatir a la delincuencia que crece exponencialmente, según todos los indicadores.

Ambos poderes parecen estar amarrados a prácticas pasadistas y obsoletas, al no dar leyes expeditivas y prontas, en un caso, y a actos de corrupción, en otro. Así ¿qué podemos esperar?

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