“Hambre” de parques en Lima

5 Oct

Ojo Avizor

Por Chacho Cortés

Lima necesita parques, pero alguien se los “devora”. (F.Internet)

Vi. 05 oct. 2012.  Sí, así como lo leen y oyen, hay “hambre” de parques en Lima. Probablemente también en otras ciudades, no lo dudo. Pero como en Lima la carencia de áreas verdes es impresionante, el hambre se agudiza, es mayor. Ojo, pero hay dos tipos de “hambre”. El de las constructoras y el de la gente.

El “hambre” de las inmobiliarias y constructuras es el más voraz, porque los destruye, los desaparece. Y claro, la compensación consiste en reemplazarlos por edificios multifamiliares “y contribuir así a solucionar el grave problema de la vivienda”. Como vivimos el boom de la construcción, tirar para adelante no cuesta. O sí, claro, algunos dolarillos o soles revaluados. Hay que conseguirse un funcionario “buena gente”, esos que otorgan licencias de construcción como si fueran caramelos, pero con una buena aceitadita y ¡Ya! Con eso basta y sobra. O en todo caso, si nadie protesta u objeta, entonces aprovechar el “silencio administrativo” y seguir construyendo y levantando edificios de seis, siete o más pisos, en donde sea. Total, hace rato que Lima debió crecer verticalmente y densificarse. Cuanto más densa mejor. Y cuanto más crezca hacia arriba, más cerca estaremos del cielo, de diosito…y “nuestros pecados serán limpiados”.

Pero existe el otro “hambre” de parques. Ese hambre que nos piden los pulmones, nuestro cuerpo, de correr del estrés, de alejarnos de la locura citadina y respirar aire puro, sentirnos libres, descansar, relajarnos, entretenernos, divertirnos sanamente, etc., etc. Es el hambre de querer tenerlos. “Hambre positivo, proactivo”, le llamarán los motivadores. Pero un hambre que también nos hace perder la paciencia y desata protestas e iras.

¿Recuerdan la protesta de ese grupo de vecinos del distrito de Jesús María por evitar que la feria gastronómica Mistura no se realice en el Campo de Marte porque lo destruirían?  Bien, pese a ello, el certamen internacional se realizó y fue todo un éxito. Pero los protestantes también lograron su objetivo: que lo repongan y se mantenga como tal, y eso está.

Defensa del parque (F.LaRepublica)

Pero los casos más emblemáticos son, por un lado, el que sucedió hace algún tiempo en San Borja con terrenos del “Pentagonito”. Áreas libres destinadas a parques y jardines iban a ser barridos de un plumazo y reemplazadas por modernas y rentables construcciones. Otro caso similar se vivió en Lince, cuando los vecinos salieron a la calle para impedir que los parques Castilla y el de Los Bomberos fueran remodelados. Los vecinos sabían que sus autoridades no traían “conejos” en el sombrero, sino tractores y una constructora para mocharles una parte del parque y construir “modernos edificios”.

En agosto pasado, el alcalde de Surco, Roberto Gómez Baca, denunció junto a los vecinos de la urbanización La Capullana que una empresa inmobiliaria pretendía construir un condominio multifamiliar en el área del Parque Locuto. Al final le pararon la mano. Fue un hecho inusual, es cierto, porque habitualmente se confabulan con las constructoras o en todo caso se hacen los locos. Si no vean lo que ha pasado en ese terreno ubicado entre las avenidas Universitaria y La Mar, y que debió ser un parque, pequeño, no importa, pero parque al fin. Ahora se construye una mole de cemento.

Todas estas protestas han sido para impedir que el “hambre” de las inmobiliarias y constructoras se terminen de engullir los pocos parques que aún nos quedan.  Se trata de un “hambre” sano de la población por defender sus áreas verdes, sus parques, contra ese “hambre” nocivo, depredador de quienes se los quieren devorar. No importa cómo, lo importante saciar “su hambre”.

Pero todo esto tiene su historia y sus razones. En el siglo pasado, las invasiones terminaron por “devorarse” muchas zonas agrícolas y cerros completos de la capital. El boom inmobiliario de este siglo, nunca antes visto en el Perú, si bien ha traído el necesario crecimiento vertical de la ciudad por efecto de la creciente demanda de viviendas y la revaloración de la propiedad, también ha propiciado una irracional avalancha de edificaciones por todas partes. Sin embargo, ese lado positivo se ve opacado por la ausencia de un plan integral de desarrollo territorial y la falta de planificación para hacerlo. Tanto así que hoy en día se cambia la zonificación según la conveniencia de las autoridades y el capricho de las constructoras. Se levantan grandes edificios en espacios pequeños, reducidos y hasta se barren de un solo plumazo, áreas destinadas a parques y jardines.

Antiguo Parque de la Exposición (F.Internet)

Obviamente, en medio de esa vorágine de crecimiento económico y de impulso a la construcción que vivimos, también se ha reavivado el tráfico de tierras y las nuevas invasiones, que contribuyen a reducir aún más los espacios libres y áreas verdes.

En realidad cada distrito debería contar con uno o dos grandes parques destinados tanto para zonas de recreación y descanso, como zona de concentración ante una eventual catástrofe. Eso es lo ideal. Lamentablemente no ha ocurrido así. Lima creció de manera desordenada y aún lo sigue haciendo.

Claro, cuando Lima tenía pocos habitantes y enormes zonas agrícolas, esos males no se notaban. Los parques (llámense De la Exposición, Campo de Marte o el parque Ramón Castilla, entre otros), surgieron cuando Lima aún era un gran valle y eran utilizados principalmente, para paseo, descanso y recreación.

En la década de los 70 nacieron los llamados “parques zonales”. Fueron, digamos así, la versión moderna, renovada de los antiguos parques de Lima. Lugares cerrados de esparcimiento y prácticas deportivaspara los sectores de menores recursos de Lima (Rímac, Comas, La Victoria, etc.).

Parque zonal Cápac Yupanqui – Rimac (F.Int)

La gestión del alcalde Luis Castañeda Lossio aumentó su número a 14, dotándolos de una serie de servicios. En tanto, la actual administración de Susana Villarán promete remodelarlos todos (invertirán 355 millones de soles hasta el 2014) para convertirlos en parques temáticos (educativos) y construir seis más, todos ellos orientados a los sectores de menores recursos y ubicados en su mayoría en distritos periféricos de Lima, según refiere.

Todo eso está bien. No obstante, se requiere con urgencia el reordenamiento de la capital así como planificar su crecimiento para evitar así que las inmobiliarias y constructoras terminen por imponerse y se “engullan” los pocos terrenos y parques que aún nos quedan, sin respetar el “hambre” de áreas verdes que tenemos nosotros. No queda otro camino.

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