Chalacos no aprenden la lección

17 Sep

Bulevar Cochrane. Abandono

Arrasan hasta con los jardines

Hasta las luces que lluminaban los árboles se las llevaron

Ojo Avizor

17 set. 2012. La verdad no sé que hace el Callao con tanto dinero que recibe anualmente. Cuatrocientos millones de soles al año o más, no es poca cosa. Sé que el gobierno regional y la municipalidad provincial invierten en obras de infraestructura y también en mejorar la calidad de la enseñanza que se imparte en los colegios. Pero parece que se requiere algo más, pues a excepción del balneario de La Punta, cuyos vecinos sí cuidan su distrito, muchas de las obras que se ejecutan en el Callao no tienen su correlato en cuidado por parte de sus moradores. Es decir, no marchan al mismo ritmo. Es más, hasta me atrevería a decir que van en sentido inverso. Mientras las autoridades hacen esfuerzos por construir, porque es su deber, un sector de la población se dedica a destruir. Esto sin mencionar la delincuencia que campea en el primer puerto. Por eso nada de lo que se hace se traduce en un mejor nivel de vida del poblador chalaco, en un cambio cultural y que este valore y retribuya lo que se hace, sea poco o mucho.

Claro, es iluso pensar que los resultados en educación se vean reflejados de inmediato en un mejor comportamiento cívico y un cambio cultural de la gran mayoría de la población. Eso toma tiempo y los resultados no ocurren de la noche a la mañana. Sin embargo, creo que algo debería notarse, pues ya ha pasado más de una década de este despliegue de esfuerzos en el Callao, sin tener resultados concretos.

Basta recorrer el centro del Callao, para darse cuenta cómo la infraestructura es maltratada y hasta destruida a diario. Por ejemplo, de la remodelación de la Av. Sáenz Peña, la principal del primer puerto, así como de los bulevares de las calles Cochrane y Saloom, para solo mencionar dos, queda muy poco.

Los focos que alumbraban los árboles y cada una de las jardineras, a lo largo de toda la avenida y los bulevares, y que daban un panorama muy bonito por las noches, prácticamente han desaparecido. A los ladrones no les bastó llevarse los focos, sino además rompieron los vidrios gruesos que los protegían para consumar su fechoría. Ahora  no queda uno. No contentos con ello, la rapiña ha destruido también farolas, bancas y hasta se llevaron o malograron los tachos de basura. En tanto, donde antes habian áreas verdes, hoy solo son terrales y la basura rebalsa en los pocos tachos que quedan.

Pero lo que más llama la atención de todo este panorama es la indiferencia de la gente ante tamaña destrucción (porque deterioro no es). Muchos ni siquiera se extrañan.

Calle Colón, a un paso del mercado. Siete cantinas en una cuadra.

Pero lo peor de todo es que esta situación alcanza también a serenos y policías que tampoco mueven un dedo cuando ven a alguien orinar en la calle o arrojar basura a la vereda.

Sin reflectores ni árbol y los cables a la vista

Creo que a las autoridades municipales les falta, primero: acompañar cada una de las obras físicas que se ejecutan con campañas educativas intensas, mediante volantes o, de ser posible, con visitas a los barrios explicando el significado de tal o cual obra y las razones para cuidarlas. Y no esperar que éstas sean concluidas para desplegar banderolas enormes con su foto, para mostrar así quién lo hizo.

Segundo: exigir a los serenos y policías que cumplan su papel de orientar a la gente a cuidar los bienes que se entregan a la ciudad y llamándoles la atención cuando no lo hacen. No puede ser que en sus narices se destruyan bienes públicos y ellos ni se den por aludidos.

Tercero: arrestar 24 ó 48 horas a quienes son descubiertos infragantis destruyendo dichos bienes y exigir a la justicia obligue a los faltosos a reparar lo destruido o realizar trabajos comunitarios, ojo ¡pero de verdad! y no los premien con dejarlos libres, como suele ocurrir, mientras la municipalidad asume la reparación de los daños. Algo, por demás, absurdo. Y, por último, y esto es lo más importante: actuar con decisión y coraje para erradicar estos males que ya parecen “congénitos” en nuestro país.

El Callao puede ser también en esto un ejemplo, como lo es en la reducción de accidentes de tránsito. Se trata de una forma práctica, concreta, de combinar los trabajos con la educación cívica, para que desde ahora se vayan viendo resultados. De lo contrario, siempre estaremos repitiendo la historia como una lección no aprendida.

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