Asesino confeso de niño en Surco

1 Sep
Noticias vecinales
Un sujeto de nombre Roger Ricardo Martínez (29 años) asesinó a golpes al hijo de su conviviente porque no lo dejaba dormir, según confesó a la policía. Este alevoso crimen ha conmovido a la población de nuestro país. Ahora, tanto el sujeto como la “madre” del menor se encuentran en prisión y serán juzgados y condenados en breve.
Desde mi punto de vista, a tipos como éste se les debería aplicar las penas más drásticas de nuestra legislación. Lamentablemente ésta no comtempla la pena de muerte, tan requerida en estos casos, como también para aquellos delincuentes avezados e irrecuperables que entran y salen de las cárceles por una justicia ultra benévola. Porque aquí no se trata de un hecho accidental o casual, sino de un abuso y un ensañamiento contra un menor. Además, porque  no tiene lógica que, si este sujeto confiesa su crimen, al decir que agarró a patadas y puñetes al pequeño porque no lo dejaba dormir, se tenga que iniciar una “exhaustiva (e interminable) investigación” y este tipo u otro tengan la “opción” –si cuentan con un abogado de oficio sin escrúpulos y ducho en la materia–, de “probar” que es inimputable porque es un loco o un desquiciado, con lo cual el sujeto terminaría en el Larco Herrera.
La verdad que es desconcertante. Es más, no es la primera vez que se producen hechos de esta naturaleza. Los menores (niñas y niños) siempre están expuestos a maltratos y violaciones. Son frágiles y vulnerables ante la ira de cualquier persona mayor. Pero es mucho más grave si proviene de padres y madres insensibles o irresponsables. O de tíos y padrastros arrebatados e inmisericordes.
Son muchos los casos de niños asesinados a golpes bajo situaciones similares. Hay que recordar que el pasado ocho de agosto en California, un padrastro asesinò igualmente a golpes a una niña de 4 añitos porque dejó caer una albóndiga de un sánguche al piso. Le bajó los pantalones y la ropa interior, y la golpeó sin piedad con la correa. Es más, el despiaddo sujeto, no contento con eso, la hizo cargar una guía telefónica y una caja por un largo tiempo, para luego abofetearla y empujarla contra el piso, donde recibió un golpe en la cabeza que la mató.

Otro padrastro desgraciado mató a un niño haitiano a machetazos y otro prácticamente le hizo perder la visión a una bebé de dos años a la que maltrataba. El año pasado en México también sucedió un caso similar al ocurrido aquí en Lima con este niño. Por eso es necesario unir fuerzas para proteger a los menores y detener a estos crímines y sancionarlos ejemplarmente.

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