Las circunstancias del 5 de abril

6 Abr

Malas costumbres

Tomado de LaMula (web)

Ju. 05 abr. 2012. Es fácil hoy, 5 de abril, 20 años después del autogolpe encabezado por el presidente Alberto Fujimori, despotricar de lo ocurrido en aquel entonces.La televisión nos muestra ahora imágenes con los rostros de los políticos de aquel entonces, cuando protestaban en las calles “por el rompimiento del orden constitucional”.  No he visto, sin embargo, esas otras imágenes de gente apoyando el golpe, sumándose a los soldados y gritándole a esos mismos políticos “comechados” “sinvergüenzas”. O a las autoridades del Poder Judicial “coimeros”, “corruptos”,  etc. Todos ellos representaban en ese momento “la clase política peruana”. Esas imágenes no las he visto. Ahora todo el mundo se limpia. Se sacude. Y es que muchísima gente que ahora critica (despotrica, es la palabra correcta) del autogolpe del 5 de abril, en aquel entonces lo apoyó. Quizá no saliendo a las calles, como sí sucedió con mucha gente del pueblo, por ser quizá más espontánea, menos hipócrita, pero sí en conversaciones privadas o medianamente públicas. Nadie me dejará mentir. Yo fui uno de ellos, lo reconozco.

Recuerdo incluso, que hasta periodistas extranjeros, corresponsales trajinados, mostraban su desconcierto frente al golpe. En la redacción de Expreso donde tuve oportunidad de hablar con varios de ellos, todos me decían que estaban turbados por lo que veían.  No entendían lo que pasaba, pero no lo ocultaban. “No entiendo che…, este golpe de Fujimori es una cosa rara. Acá el pueblo lo defiende a rabiar. Yo tenía otra idea antes de viajar, pero una vez acá, veo que las cosas son distintas. No son como las he visto en otras partes. Están las tanquetas y aquí mismo los soldados, pero no hacen nada y los dejan trabajar. Eso no ha pasado en Argentina. Ustedes mismos trabajan como si nada pasara…”, me dijo uno de ellos, mientras dos más asentían con la cabeza y añadían sus propias reflexiones.

Otro más, en su “media lengua”, me dijo que él esperaba encontrar enfrentamientos violentos en las calles, con barricadas y todo, “pero nada de eso he visto”. “Es un golpe sugenere (sui generis, quiso decir).

Lo cierto es que el autogolpe dado por Fujimori con el apoyo militar, tuvo un respaldo muy amplio de la población, tanto en Lima como en el país. ¿Por qué? Sencillamente porque el Perú vivía momentos muy difíciles. Trágicos, diría yo. Pero que ahora se olvidan. Y los apoyadores de ayer, repentinamente les sobrevino la amnesia hoy. Por eso es bueno recordar las circunstancias.

Recordar que el fujishock anunciado en julio del 90, estaba en plena ejecución. El gobierno había comenzado a enderezar la economía con muchas dificultades, es cierto. Después del terrible desbarajuste del primer gobierno del presidente Alan García, las medidas adoptadas fueron terribles. Eran como recibir un mazazo en la cabeza. Medidas sumamente duras. Medidas radicalmente liberales (“neoliberales”, las llamaría después la oposición) pero que permitirían al país estabilizarse y reinsertarse, poco a poco, al mundo económico y financiero, del cual se había automarginado al extremo de ser considerado un “país paria y perromuertero”.

El gobierno, es cierto, había obtenido facultades legislativas para dar muchas de esas medidas, pero en el camino la oposición parlamentaria las revisaba y el Ejecutivo volvía a observarlas. Era un tira y jala, un asunto de nunca acabar.

El Congreso de entonces, hasta donde recuerdo, se preocupaba más en engordar su presupuesto que otra cosa. Fui testigo cuando se reinició la legislatura de ese año, cómo diputados y senadores se reencontraban como quien retorna despreocupado al colegio. Se fundían en efusivos abrazos y contaban chistes a granel. Risotadas por aquí y por allá.  Para ellos –así los vi–, no había de qué preocuparse. Las voladuras de torres, apagones, coches-bombas eran chancay de a medio. El país marchaba “sobre ruedas” y todo era color de rosa. El enemigo no parecía ser Sendero ni el MRTA sino el gobierno y Cambio90.

Por ello mismo, frente a los grupos terroristas de Sendero Luminoso (SL) y el MRTA, como el oficialismo carecía de mayoría, las medidas para enfrentarlo no prosperaban, pese a que las acciones violentas iban en aumento desde hacía buen tiempo. La preocupación de los legisladores era ver si el Estado violaba o no los derechos humanos. SL en particular, mostraba su rostro despiadado en Lima con diversas acciones. Es más, el Congreso se negaba a otorgarle al Ejecutivo facultades para legislar en ese campo. Mientras el Poder Judicial (PJ) se encargaba de otorgar libertad a algunos cabecillas del terrorismo. Laura Zambrano Padilla, “camarada Meche”, fue una de ellas. Responsable del Comité Metropolitano de Lima de SL, tras ser liberada por el PJ, se había reincorporado a las filas terroristas y seguía en las andadas. Meses después del golpe, fue capturada junto con Abimael Guzmán en la vivienda de Surco. Además, el PJ mantenía también los mismos vicios que hoy enfrenta y que parecen males congénitos: corrupción a granel, lentitud en los procesos, manejo político, etc.

Diga lo que se diga, todas esas circunstancias dieron pie al autogolpe del 5 de abril, fecha en la que, efectivamente, Fujimori disolvió el Congreso y declaró en reorganización el Poder Judicial, entre otras medidas. Lo demás ya la conocemos.

Sin embargo, es bueno recalcar que hoy muchos por temor a que los llamen golpistas –aunque en el fuero interno, muchísmos lo fuimos–, prefieren saltarse ese capitulo. O prefieren olvidar y no hablar del tema. O simplemente se callan. Mientras otros, más audaces, hasta se sienten abanderados de la democracia. ¿O me equivoco?  Y es que, en verdad, con el tiempo uno entiende que para ellos la dirección del viento ha cambiado. Eso me parece mal. Muy mal.

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2 comentarios to “Las circunstancias del 5 de abril”

  1. Políticamente Incorrecto 8 de abril de 2012 a 9:37 pm #

    Un excelente recuento del contexto histórico en que se produjo el 5 de abril. ¡Cuidado con los que hoy se disfrazan de demócratas y antes apoyaron y trabajaron para la dictadura militar de Velasco, o la de Morales Bermudes!

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