Justificado traslado

3 Abr

Ollanta se puso fuerte

Malas costumbres

Ma. 03 abr. 2012. Creo que se equivocan aquellos que han puesto en duda el reciente traslado de Antauro Humala, hermano del Presidente, al penal de la Base Naval del Callao.

Pienso que la decisión del presidente Ollanta Humala es correcta y no responde exclusivamente a “una pataleta”, como he escuchado por ahí. Se trata más bien de una rectificación a sus decisiones anteriores y las razones están a la vista.

Primero, porque desde un primer momento la población entendió que el tratamiento que le estaba dando el Presidente a su hermano Antauro Humala en el penal de Piedras Gordas y luego en la cárcel militar Virgen de la Merced, era de privilegio. Es más, su prolongado silencio alimentó esa percepción.

Segundo, porque hasta su ministro de Justicia, Juan Jiménez, y el jefe del Inpe, José Luis Pérez, terminaron por la pata de los caballos cuando pretendieron justificar ese primer traslado, aduciendo razones de seguridad ante el peligro que corrían los padres del Presidente, hecho que el papá, don Isaac Humala, y el mismo Antauro negaron.

Tercero, porque a raíz de este affaire se inició una caída en la aprobación presidencial (la última encuesta de CPI arrojó 52% de aprobación, mucho menos incluso, al de su esposa y  primera dama Nadine Heredia). Justamente el efecto político de este caso, lo dejaba mal parado al presidente Humala.

Y finalmente,  porque las declaraciones directas o filtradas de Antauro colocaban al presidente  Humala en una situación realmente incómoda. Eso de decir que él (Antauro) lo hizo Presidente. O calificarlo como el “guachimán de Palacio”, realmente le debió caer como chicharrón de sebo. No solo por provenir de su hermano, sino por el irrespeto a su investidura. Estos insultos, añadiría yo, fueron finalmente las gotas que rebalsaron el vaso.

Es obvio que la figura presidencial se veía deslegitimada. Se convertía en un problema político. En tanto, el protagonismo de Antauro Humala crecía. El presidente y sus ministros debieron entonces sopesar bien las cosas antes de tomar esta decisión que finalmente pone coto a quien venía mellando su imagen.

No obstante, ojalá que no se lleguen a excesos. Que este cambio de reglamento no de pié para que mañana se quiera trasladar “por quítame esta paja” y no por razones de seguridad, a otros internos a ese mismo penal. Y que el traslado de los cuatro presos condenados por terrorismo al penal de Piedras Gordas sea realmente provisional y no se convierta en permanente, como suele ocurrir en el Perú.

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