Seguridad: Seguimos jalados

16 Mar

Ojo Avizor

Vi. 16 mar. 2012. De un tiempo a esta parte la violencia en las calles se ha vuelto más truculenta. Los robos

Asalto con muerte. (Perú21web)

y asaltos con armas de largo alcance, ametralladoras y hasta granadas se suceden a diario. Los asesinatos a manosde sicarios y el crimen organizado están a la orden del día e inevitablemente han aumentado la inseguridad en la población.

El Perú parece hoy un país en donde la vida no vale nada. Uno puede salir tranquilo de su casa para ir a su trabajo, a estudiar, de compras o a pasear, y no sabe a ciencia cierta qué le espera.

La situación ha llegado al extremo que, esta semana, a plena luz del día, delincuentes acribillaron a un policía de ocho balazos y tras amenazar a los clientes y público, en menos de dos minutos, se llevaron una fuerte cantidad de dinero de un banco.

El uno de marzo, en el primer día de clases escolares, sucedió un hecho paradójico. Mientras el alto mando de la Policía Nacional anunciaba que 13 mil efectivos cuidarían los colegios, la directora de un centro educativo, en el distrito de San Martín de Porres, era fulminada de tres balazos por un sujeto que ingresó muy campante al mencionado colegio y luego se retiró con la misma parsimonia como ingresó.

Tres días después, el 4 de marzo, un mecánico en Pueblo Libre fue asesinado de seis balazos por dos jóvenes delincuentes que de inmediato se dieron a la fuga. Al día siguiente, en Barranca, otro joven de 21 años fue ultimado de dos balazos por sicarios que se desplazaban en una mototaxi. Algo parecido sucede en Villa El Salvador, donde un licenciado de la FAP muere asesinado a balazos por dos sicarios en un claro ajuste de cuentas; mientras otro joven de 17 años, estudiante de administración, fue hallado muerto por un disparo en la boca en una calle del distrito de La Victoria.

Esta es la cruda realidad en el Perú de hoy. Una secuela de hechos violentos, con el ingrediente de sicarios por doquier.

Pero el cuadro no sería completo si no destacáramos también el esfuerzo desplegado por la policía, especialmente de la Dirincri, la que ha logrado desarticular a más de un centenar de bandas de facinerosos, incluyendo en esta misma semana, la captura de siete criminales cuando pretendían asaltar otro banco.

Sin embargo, todo este esfuerzo parece diluirse, hacerse humo, por la desidia del Parlamento Nacional, por un lado, que,como lo ha señalado el mismo presidente de la Comisión de Seguridad Ciudadana del Congreso, Andrés Reggiardo, hasta ahora no discute ni aprueba los siete proyectos de ley alcanzados por la comisión para aplicar sanciones mucho más drásticas a la delincuencia. Él mismo se preguntaba sobre el destino de 34 millones de soles para “armar” a la policía ¿dónde se fueron? (yo le añado, ¿y qué fue de los 320 millones de soles que el gobierno de Alan García entregó a la PNP el año pasado?, ¿en qué se invirtieron?)

Pero el Parlamento no es el único al que estos asuntos parecen resbalarle. También están los todopoderosos Ministerio Público y el Poder Judicial, en donde la “falta de pruebas” (una de las modalidades) es el pan del día que termina devolviendo a las calles a esa jauría de maleantes para que sigan perpetrando sus crímenes.

Y de los penales, ni hablar. Todos sabemos que son “universidades del delito”. Allí  entran los más jóvenes para “graduarse” y los veteranos a impartir “clases” y dirigir por celular a sus bandas.

Realidad difícil de cambiar, sin duda. Pero más difícil cuando no hay decisión política para hacerlo. O si la hay, como parece, no se llega a tocar la dermis, los aspectos medulares de estos problemas con medidas como: 1) La reorganización policial, incorporando incluso a los mejores elementos del serenazgo a la Policía y mejorando sus ingresos, equipando las comisarías y fortaleciendo su servicio de inteligencia. 2) Constituyendo un comando único de coordinación con los gobiernos locales y regionales para acciones unitarias y articuladas. 3) Ampliando el uso equipos de alta tecnología (cámaras de video, alarmas, seguros, etc.) 4) Privatizando o concesionando los penales y construyendo nuevos (hay que tomar en cuenta que las cárceles del país se incrementan a unos mil presos por mes, según ha revelado el jefe del INPE). 5) Convirtiendo los proyectos leyes mencionados por Reggiardo, en decretos supremos, ante la dejadez del Congreso para aprobarlos. Y 6) Incorporando una nueva norma específica que incluya sanciones mucho más drásticas (el doble de la pena, de ser posible) contra aquellos magistrados que son descubiertos favoreciendo a los delincuentes. Todo esto, creo, contribuirá a reducir, de una vez por todas, la desconfianza y el pesimismo de la población, que no cree en la “justicia”, y lo expresa cuando señala que “de nada vale que la policía capture delincuentes, cuando al final los jueces los liberan”. “Y para colmo exigen mejores sueldos”, añado yo.

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