Congreso de gestores

29 Feb

Legislen mejor

Malas Costumbres

Mi 29 feb. 2012. No dudo que el ahora “suspendido” programa Gestores para el Desarrollo, promovido por el presidente del Congreso y avalada “por descuido” (¿?) por distraídos congresistas de varias bancadas, pudo ser una buena iniciativa destinad0 a apoyar el desarrollo de los gobiernos locales más pobres del país. 

Quiero pensar que su intención fue también sacar al Parlamento del marasmo en que se encuentra. Del hoyo de la ineficiencia y de las corruptelas de más de uno de sus miembros.

Quiero pensar en positivo. No achacarle al titular del Congreso, Daniel Abugattás Majluf, su intención de utilizar dicho programa para darle chamba a sus partidarios, seguidores y ayayeros, o cosas así. Nada de eso. Quizá la intención del temperamental Abugattás fue, efectivamente, revertir por esa vía la mala imagen que tiene ese poder del Estado, labrada, lamentablemente, no a punta de esfuerzo y tesón, sino a punta de yerros tras yerros, para ser generoso.

Buena intención, digo, porque hay que recordar que fue Abugattás  el impulsor también de esas “sesiones congresales descentralizadas”, animadas por los buenos deseos de “acercar el Congreso al pueblo” y  “ayudar a solucionar las demandas de las poblaciones más pobres”, etc., etc. Pero que al final, se convirtió en un caro desastre para el país y para ellos mismos, pues aparte de los 100 mil soles de gasto en un solo día, hasta una parlamentaria terminó accidentada.

En este caso, insisto, la intención pudo ser similar. Empero, como suele decirse, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Y así ha sido, porque lamentablemente al Parlamento no le correspondía manejar dicho programa. La razón: no es su función. No es su papel. Peor aún, porque el Congreso no tiene ninguna capacidad de gasto. Es decir, estaba supliendo o mejor, usurpando funciones del Ejecutivo. Y, por esa vía, llevaba a esa institución a una distorsión de sus funciones.

En consecuencia, más que meterse en asuntos que no le competen, los parlamentarios deberían preocuparse por elaborar y dar buenas leyes. Perfeccionar aquellas que existen. Corregir o eliminar las que resulten obsoletas, tal como se venía haciendo. Ese es su papel. Para eso fueron elegidos. Dar leyes acordes a nuestra realidad. No demasiado frondosas o pomposas. O demasiado “perfectas” en el papel pero inaplicables en la práctica. Evitar leyes con nombre propio, como más de una vez ha ocurrido. Leyes que los obliguen a pensar en función de país y no de un sector específico. Leyes que sean dictaminadas luego de examinar todas sus implicancias y minimizar sus aristas. Y junto con ello, necesitamos un Parlamento fiscalizador. No solo del Ejecutivo, sino del Poder Judicial y, en general, que vele por el cumplimiento de esas mismas leyes que ellos aprueban. Ese es el Parlamento que necesitamos. Un Parlamento de gestores ¡Sí! Pero gestores de buenas leyes, buena fiscalización y buena representación. Leyes para la seguridad ciudadana son de las más urgentes. Solo así el Congreso estará a tono con la población y podrá revertir su alicaída y mellada imagen.

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