Ojo Avizor – De ampliaciones y anchuras (II y fin)

8 Feb

En la nota anterior mencione que el gobierno regional (¿o la municipalidad?) del Callao tiene como reto la ampliación de ese tramo de la Av. Venezuela, entre Faucett y la huaca de San Marcos, para facilitar el tránsito de vehículos. Una “papa caliente”, sin duda, pues tendrá que negociar con los dueños de fábricas y la Marina de Guerra, para poder “rebanarles” una franja de sus terrenos y corregir así ese “embudo” en que se ha convertido esa zona y que ocasiona permanentes embotellamientos del tránsito. Es la única forma, salvo que quieran que todo siga igual “para no chocar con nadie”, lo que equivale a decir que se jodan los choferes y el público, porque las normas están ahí.  Además, se aprovecharía para corregir esas dos salientes o “tetas”, por llamarlas de alguna manera, que el conductor encuentra cuando sale del Callao y recorre esa vía con dirección a Lima.

Bien, pero la ampliación de vías, sobre todo cuando se trata de anchar pistas, es en el Perú, y en Lima en particular, un serio problema, dado el crecimiento desplanificado y amorfo de la ciudad. Quizá mucho más que en otros países, sobre todo del “primer mundo”, donde el concepto de planificación urbana sí existe y se cumple “sin dudas ni murmuraciones”.

Como buen país tercermundista, aquí muchas autoridades sujetan el crecimiento y la modernización de la ciudad al tiempo que dura su gobierno y punto. O a lo sumo, a 10 años. Difícilmente se proyectan 30 ó 50 años. ¡Ni hablar! Eso no existe.

Eso se explica en parte, porque la mayoría de nuevas urbanizaciones, sobre todo de la periferia, no son concebidas con pistas anchas y retiros igualmente espaciosos. Con zonas comerciales e industrial, separadas de las zonas de vivienda, etc., pese a que Lima es (siempre lo fue) un enorme valle, sino con calles angostas y retiros estrechos, al extremo que cuando se pretenden ampliar, no se sabe cómo hacerlo.

Dentro de la ciudad, en distritos ya constituidos, donde el terreno escasea, sucede lo mismo. Los nuevos edificios de condominio, que reemplazan a antiguas y modernas vivienda, se construyen hacia la pista. Y los retiros, es decir, esos espacios ubicados en la parte delantera de las viviendas y que deberían estar libres siempre, desaparecen, se esfuman. A lo sumo, se convierten en cocheras, si el constructor le faltó recursos para hacer sótano o simplemente porque lo ignoró. Es decir, se aprovecha al máximo el terreno.

Por eso, cuando uno recorre la avenida San Felipe, para poner un ejemplo, uno siente que los edificios se le vienen encima y entiende que en esa como en otras arterias es prácticamente imposible ensanchar pista alguna. (Incluso, me atrevo a afirmar que el Corredor de la Costa Verde –sin desmerecer lo que se está haciendo-  tampoco fue concebido para el largo plazo: con berma central y tres carriles por lado como mínimo, como en Río, Cancún o Punta del Este, por lo que, de aquí a pocos años, cuando estén habilitadas todas sus playas, veremos lo que sucederá.)

Por supuesto las municipalidades dan el visto bueno y reparten licencias a diestra y siniestra bajo el pretexto de “no detener la modernidad” ¿Y la planificación urbana? Ni hablar. Construyan nomás, parecen decir. ¿O me equivoco?  A propósito, los colegios de arquitectos e ingenieros…¿Existen todavía? ¿Alguien sabe de ellos? Sería bueno que digan lo suyo y se muestren más “proactivos” , tanto en diseñar y construir, como en planificar bien. La ciudad se los agradecerá.

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