Culpables post mortem

30 Ene

 Malas Costumbres

Lu.30 ene. 2012. Aunque nos duela decirlo, no es la primera vez que somos testigos de una tragedia como la del centro de rehabilitación “Cristo es Amor”, ubicado en el distrito de San Juan de Lurigancho, en donde 27 personas perecieron asfixiadas.

Hay que recordar que una situación similar ocurrió en la “Discoteca Utopía” en julio del 2002. Y más antes, en el año 2000, la tragedia en el emporio comercial de Mesa Redonda, donde perecieron cerca de 300 personas. O quizá sea necesario recordar la ola de accidentes de tránsito que hace dos años sacudió también al país. O hechos más cercanos, aunque no necesariamente sean accidentes sino asesinatos, como el ocurrido en Bagua con la muerte de 34 personas, 25 de ellos policías, para sólo mencionar uno de tantos casos.

Una constante en todos estos “accidentes” fatales es que se sigue casi un ritual: Primero, todos buscan un culpable. Luego todos se “tiran la pelota”, es decir, se echan la culpa mutuamente. Juegan al gran bonetón: “¿Yo señor? ¡No, señor! Yo no fui, fue él…” “¿Yo señor? ¡No señor!….”.  Al final, todos se lavan las manos y salen limpios e ilesos, mientras los deudos lloran y entierran a sus muertos.

Pero ahí no queda todo. Pareciera que este “gran show” se complementa con la aparición de instituciones poco conocidas. De “expertos” de todo tipo, diciendo que faltó tal ley. “No, la ley ya está, pero era incompleta, deficiente, debería modificarse”. “No, la ley está bien, se debe modificar el reglamento”, etc., etc. Luego parecen en escena los congresistas anunciando que citarán a fulano, mengano, zutano y perencejo; que se formará una “comisión investigadora”, etc., etc.  En síntesis, todos se lanzan a la palestra para opinar, llenar vacios y crear expectativas, y así todos contentos. El futuro parece asegurado. Pero en verdad, todo es simple magia, ilusión. David Copperfield es un aprendiz a lado de nuestros vendedores de ilusiones. Un juego de artificio, pues pasado un tiempo, todo volverá “a la normalidad”. Todo volverá a ser como antes.

Por eso, no nos extrañemos frente a las abundantes cifras que hemos escuchado y leído durante el día. y que probablemente seguiremos escuchando en los siguientes. Que son 213 centros terapéuticos en Lima, de los cuales 173 son informales o clandestinos y solo 40 están formalizados, según la titular de Devida, Carmen Masías. O que el Estado solo cuenta con 700 camas para pacientes drogadictos, cuando su número bordea los 100 mil, pero que ya se está trabajando para implementar 141 nuevos módulos de centros terapéuticos (CT), según el ministro Alberto Tejada. O que solo 20 CT están bien implementados y cumplen con todos las exigencias e integran la Asociación de Centros Terapéuticos del Perú (ACTP), etc., todas estas cifras, no nos deben preocupar. Total, de acá a buen tiempo las volveremos a escuchar. ¿Por qué? Porque la burocracia no está para resolver problema sino para crearlos, lamentablemente. Pregunto: ¿Qué le cuesta al Ministerio de Salud, además de autorizar el funcionamiento de esos centros, supervisarlos? ¿Y qué le cuesta a la municipalidad fiscalizar a estos centros a los que le otorga licencia de funcionamiento? ¿Acaso no pueden siquiera COORDINAR?  Es lo mínimo que se les exige. Así se ahorrarían esfuerzo y… tragedias, como la ocurrida, para después estar buscando culpables post mortem, es decir, cuando todo está consumado y no hay remedio.

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