Otra mala señal

9 Dic

Turba descontrolada y agresiva

Malas costumbres

Vi 09 dic. 2011. Las imágenes fueron dramáticas.  Una turba de comuneros golpeando y sacando a empellones a dos ingenieros de la empresa minera Trinity Perú SAC, cuando participaban de un taller informativo en un caserío de Otuzco, departamento de La Libertad.

Hasta donde se sabe, ambos brindaban información a los comuneros de la zona, sobre las labores que realiza la minera a la que pertenecen, cuando un grupo de ronderos interrumpió la charla y los agredió. Uno fue golpeado y empujado, y el otro, arrastrado y cargado prácticamente en vilo.  Poco faltó para lincharlos.

Lo ocurrido en Otuzco, La Libertad, es otra mala señal de lo que se viene incubando a nivel de la minería. Se suma al problema existe y latente en Cajamarca, con la minera Conga. A lo ocurrido en Puno con la minera “Santa Ana”. O en Arequipa con la minera Tía María, y otros conflictos más en diversos lugares del país.

Pero si bien constituye una mala señal para futuras inversiones en minería, también lo es para otros sectores. Pero además, una clara muestra del grado de conflicto que existe entre la explotación minera y las comunidades, y lo que se viene incubando en este sector, al menos, para las próximas semanas o meses.

Mala señal que debe llevar al gobierno del presidente Humala a hilar muy fino para revertir esta situación, si quiere realmente conseguir los recursos necesarios para “la gran transformación” que se propone.

Porque aquí no se trata de que los buenos de la “película” son siempre las empresas mineras y los malos los comuneros. Esa es una falsa disyuntiva que no ayuda en nada a solucionar los conflictos.

“Hilar fino” implica, por un lado, reconocer que si bien la minería trae grandes ingresos para el país, sin embargo, no siempre las poblaciones aledañas a las minas, han resultado las más beneficiadas. Todo lo contrario. Muchas veces han visto contaminada sus aguas y deteriorada la salud de su población. Tampoco los ingresos por canon les han favorecido, ya sea porque no se supo distribuir o porque los gobiernos regionales les dieron mal uso. En fin.

Por otro lado, implica, y esto es para mí lo decisivo, que no solo sean los organismos reguladores o supervisores los que se encarguen de fiscalizar cuanta concesión minera se entrega y opera, sino que en ellas también tengan participación las propias comunidades involucradas, ya sea a través de delegados nombrados en dichos organismos, los que deben velar permanentemente por el cuidado ambiental, o ya sea, formando comisiones paralelas de revisión de lo que se hace. Me inclino por lo primero. Pero sea cual fuere la decisión, lo importante es que la Supervisión se dé. De lo contrario, los conflictos se mantendrán e irán en aumento, y, por supuesto, agresiones como las ocurridas a estos profesionales en Otuzco, se repetirán cotidianamente.

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